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viernes, 11 de octubre de 2013

CAPITULO 1


-1-

Cuando miro por la ventana, todo esta oscuro afuera, ni siquiera se ven las hojas del escuálido manzano que tienen un verde claro con la luz, el sol no ha salido, debe ser temprano todavía.  
Papá acaba de revisar la masa, esta lista para cortar. Hoy prepararemos bollos de miel, son unos pequeños pancitos que como su nombre lo indica se endulzan con miel en lugar de azúcar, son esponjosos y tan suaves que parecen derretirse en cada mordida. Son mas caros que los panes que usualmente hacemos, pero hoy es día de La Cosecha, supongo que papá quiere subirle el animo de todos, o solo lo hace por mamá, son sus favoritos. Ella sigue en la cama, seguramente se ha pasado la noche sin dormir como siempre en esta fecha. Mis hermanos y yo nos esforzamos por no hacer ruido, sabemos que la pasa realmente mal.
-Peeta- me llama mi padre – termina los bollos de miel, voy a preparar el relleno de las tartas de manzana.
-¿Haremos tartas de manzana también?- pregunta mi hermano mayor mientras los tres observamos atentos a mi padre.
-Si, también- responde mientras saca un tazón de la estantería.
Me doy cuenta por su tono de voz que esta preocupado. Mi hermano mayor tiene veinte años, ya esta fuera de los Juegos del Hambre, pero mi otro hermano, Ácim, tiene dieciocho, aún entra en La Cosecha y yo este año cumplí dieciséis , tengo que esperar por tres ocasiones mas a que la suerte este de mi lado.
Trato de distraerme en otra cosa antes de que mi mente empiece especular sobre lo que pasara hoy, así que tomo la masa con mis dedos, es dócil y elástica, comienzo a amasarla y dividirla en pequeñas bolas que caben en la palma de mi mano, jugueteo un poco con ella antes de ponerlas en la charola, les doy formas distintas como hojas o letras, esta es una de las cosas que mas me gustan de hacer pan, puedes darle la forma que quieras; me recuerda a esos pasteles de lodo que hacia cuando era pequeño en el patio de atrás en los días de lluvia, me divierte. Termino de moldear la masa, la tapo con un paño húmedo y la dejo reposar.
  Me acerco a mi padre, que esta acabando de partir las manzanas, me gusta la manera en que mueve las manos, aunque son gruesas hacen todo con rapidez y precisión, toma un puño de harina y la espolvorea entre sus dedos sobre la pasta de tarta, ama su trabajo, quizá por eso su pan siempre tenga un sabor especial, la gente se lo alaba todo el tiempo.
Es un hombre noble, que siempre intenta ver el lado positivo de las cosas, al contrario de mi madre. Pero hoy eso es realmente difícil hasta para él, con los Juegos del Hambre ensuciando el ambiente del Distrito 12, no es que este lugar sea una fiesta los demás días, entre tantas carencias no es fácil estar feliz, pero por lo menos el miedo no es latente.
Sacudo la cabeza despejando mis pensamientos otra vez.
Los bollos han alcanzado el tamaño suficiente para meterlos al horno, miro el reloj calculando, aunque no es necesario, lo sabría solo por el delicioso olor que expiden cuando están listos.
Ayudo a mis hermanos llevando las charolas hacia la panadería que esta en la parte de enfrente, coloco un mantel a cuadros rojo y blanco en cada canasta, acomodamos el pan adentro, me dirijo a la puerta de entrada, volteo el letrero de “ABIERTO”, veo por el cristal que afuera ya esta claro, pero el sol sigue sin aparecer.

Un dulce aroma me hace agua la boca, me apresuro hacia el horno, meto la pala para sacar la charola cuando mi hermano mayor abre la puerta de la cocina y dice entre dientes –Ardillas-  de inmediato se que significa eso, mi corazón se agita, las manos comienzan a sudarme, la charola caliente se ladea en la pala que se me ha resbalado por un segundo, en un movimiento rápido la equilibro colocándola en la mesa y siento el calor quemante en el costado de mi mano por tocar la orilla del horno, esta muy roja y ha comenzado a arderme, mi hermano que ha observado todo el malabarismo se ríe con ganas.
-Tranquilo Peeta, ella no viene - me dice entre risas - Solo su novio.
-Dile al chico que por aquí- dice mi padre abriendo la puerta posterior de la cocina, me dedica una mirada- ¿Estas bien?- yo asiento con la cabeza, revisa mi mano y me da un frasco de pomada que tenemos en la estantería para ocasiones como estas, es viscosa, de color café y huele a madera - Ponte esto- me indica.

En ese momento llega a la puerta un joven alto, es de la edad de Ácim, lo se por que van en el mismo curso en la escuela, tiene el cabello oscuro y los ojos grises,   como los de ella, Katniss. La chica del que he estado enamorado desde que tenia cinco años, la chica que es capaz de salir del Distrito 12, de meterse en el peligroso bosque para cazar conejos, pavos y ardillas, es la chica que cuando canta las aves se detienen a escucharla, la chica que cuida siempre de su hermanita, la chica de hermosos ojos que no sabe que existo.
Me acerco a la puerta mirando detrás él, mi hermano tenia razón, ella no esta. Decepcionado regreso a mi mano, coloco la pomada presionando mas fuerte de lo que debería, se que es tonto, pero tengo celos de este chico. A diario  los veo juntos, por las mañanas o por las tardes, van por ahí repartiendo sus presas a los compradores, caminando, hablando, a ella le he visto una pequeña sonrisa solo dos veces y han sido para él. Tengo la esperanza de que el parecido físico sea lo único que comparten, que sean parientes y no como mis hermanos piensan, novios. Nunca los he visto darse un beso, o tomados de la mano, ni siquiera demasiado cerca, pero hay algo en la manera en que este chico trata Katniss que hace que me duela el estomago. 
-¿Que hay muchacho?- pregunta mi padre amablemente
-Solo una ardilla señor- contesta levantando al animal muerto en su mano.
Mi padre arranca un trozo de papel con el que envolvemos el pan y toma uno de los bollos de miel que acabo de sacar del horno.
-Toma- le da el pan caliente mientras recibe la ardilla
-¿Este… este pan?- pregunta el chico asombrado, mi padre asienta, le da una sonrisa sutil y le desea buena suerte. El chico inclina la cabeza como agradecimiento y se va a grandes zancadas, se ve contento.
Eso es lo que digo de mi padre, sabe el sentir de todos en este día, quiere ayudar a los demás a subir los ánimos con lo que mejor hace, pan.
Papá coloca la ardilla sobre el fregadero, se que Katniss no la cazó por que está tiene un feo agujero a medio cuerpo, los tiros de ella son limpios,  siempre en los diminutos ojos de las ardillas. Papá comienza a freírla y yo me niego a comerla.
La mañana avanza, el sol esta brillando en lo alto, en la panadería la gente que ha venido se emociona con las tartas y los bollos, aunque tienen poco dinero, este día se permiten comprar buen pan, ya sea para la cena festejando su buena suerte de estar a salvo de los Juegos, o en el desayuno antes de La Cosecha, por que quizá sea la ultima comida que compartan con sus hijos. Se me hace un nudo la garganta por que nosotros estamos en esa misma posición, como todos los chicos del Distrito 12, como todos los chicos de los distritos de Panem.
Escucho pasos en la casa, mamá se ha levantado, grita mi nombre y el de mis hermanos, subimos, la estufa de carbón esta prendida, ha terminado de planchar las camisas que usaremos hoy, apenas y dice nada, nos señala la mesa donde hay tres humantes tazas de té, una pequeña azucarera esta en el centro. Casi nunca tomamos azúcar, el costo es elevado y la dejamos para el pan que vendemos,  coloco una cucharada a mi taza quizá endulce también mis pensamientos, pero lo dudo. Nos sentamos los tres en silencio a beber en traguitos mientras ella baja a la panadería, me dispongo a sacar de la alacena el pan duro que sobro de la semana pasada para acompañar con el té, cuando mi madre regresa con una tarta de manzana, lo coloca en la mesa partiéndola con un cuchillo; se da la vuelta regresando a la cama sin decir nada.
Cualquier otro día ella seria la primera en despertar, barriendo y limpiando, gritando a todos que hagamos bien esto o aquello, pero hoy no. Los recuerdos han podido mas que su carácter.
Cuando ella tenia diez años su hermana de quince fue seleccionada para ir a los Juegos del Hambre, el primer día en la arena la vio morir a hachazos en las manos de tributos profesionales. Su hermano de trece era su único amigo en todo el mundo,  entre ellos se alentaban a ser valientes, pues con la perdida de su hermana mayor la familia había quedado desmoralizada.
Dos años después cuando ella entro a La Cosecha, escucho el nombre de su hermano ahora de quince ser seleccionado como tributo.
 Una arena desértica era donde él se encontraba peleando con fuertes contrincantes, no se rendía, sobrevivió a las condiciones del clima, a la falta de alimento, a los salvajes profesionales que lo acechaban, peleo hasta el final, pero no pudo con las trampas de los Vigilantes, esos hombres que controlan todo en la arena. Un manada de serpientes mutos lo atacaron mientras estaba escondido entre las rocas, no pudo escapar. Mi madre dejo de hablar mas de un año. En cada Cosecha que se presento, temblaba de pies a cabeza con lagrimas en los ojos, pensando que podía ser ella la siguiente en morir en los Juegos del Hambre. No fue así, pero Los Juegos la cambiaron para siempre, su carácter se fue agriando con el tiempo.
Desde que nació su primer hijo sabia que estaría destinado a estar en La Cosecha llegando la edad, posiblemente entraría a Los Juegos y lo vería morir como a sus hermanos. Intento protegerse de aquel sufrimiento alejándose de su primer hijo, luego del segundo y luego de mi. No puedo culparla, cuando papá nos contó esto entendí todo sobre ella, se que seria diferente si Los Juegos no la hubieran marcado de esa manera.

Mi padre trata de compensar lo que mamá no puede darnos, es amable y cariñoso, nos enseña todo lo que sabe, sobre hacer pan, sobre el negocio, sobre el Distrito 12, el hambre, el miedo, el amor, y el ayudar a los demás. Me gustaría mucho ser un padre como él, pero sinceramente la angustia que acecha a mi madre cada año es la misma que la de cada padre de este país, eso le quita el brillo a desear tener hijos.
Termino de comer la tarta de manzana chupándome los dedos, esta exquisita, esta es la manera en la que se que mi madre nos ama.
Miro a mis hermanos ¿podría ser la ultima vez que tengamos un desayuno juntos? Se que piensan lo mismo por que me observan igual, evadimos el tema, ya es suficiente con tenerlo en la cabeza todo el tiempo. La tarta alivia un poco la sensación de incertidumbre, pero nadie hace las bromas que siempre nos decimos cuando estamos juntos.
Regresamos al trabajo, donde me dejan siempre el glaseado de los pasteles, es un excelente trabajo por que me abstraigo del mundo creando flores y colores que veo en mi mente. Han pasado las horas cuando papá nos recuerda que debemos prepararnos.
Soy el ultimo en tomar un baño, me visto con pantalones grises y una camisa azul cielo que se refleja en mis ojos. Estamos ya listos los cinco, cerramos la panadería y le doy una ultima mirada a la vitrina donde descansan los pasteles que decore esta mañana.
Nos unimos a la muchedumbre de niños que van a tomar sus puestos para La Cosecha. Papá me da una palmada en la espalda dándome valor. Después de esperar en una fila para ser fichado sigo a los chicos de mi edad, que se colocan del lado izquierdo de la plaza.
Busco a mi hermano entre los mas grandes y veo  al chico cazador,  recuerdo que Katniss esta también aquí. Cierro los ojos y espero con todo mi corazón que la suerte este de nuestro lado.
El alcalde se acerca al micrófono, comienza a leer como siempre la historia de como Panem se creo de las cenizas de un país destruido por los hombres, de los Días Oscuros, de los Distritos levantándose en armas contra el bondadoso Capitolio, dando como resultado la destrucción del Distrito 13 y los exitosos Juegos del Hambre, la mejor forma del Capitolio para demostrar su poder sobre nosotros y un estupendo entretenimiento para ellos.
Han pasado setenta y cuatro años desde la Rebelión, pero la muerte y el miedo siguen tan frescos como en aquellos días, ese es el trabajo del Capitolio para con los Distritos, llevándose las cosas que producimos, matando de hambre a la población, llenando las calles de agentes de paz, y quitándonos las esperanzas de un futuro diferente con los Juegos del Hambre cada año.

En el momento en que el alcalde termina de hablar, Haymitch Abernathy aparece en la escena, borracho a mas no poder. Algunas veces ha venido a la panadería, con el dinero que gana como único vencedor del Distrito 12 podría gastar muchas monedas en comprar el pan que desee, pero en realidad no es de ahí de donde lo recuerdo; cuando voy a recoger los costales de harina en la estación del tren lo veo saliendo del Quemador, el mercado negro donde llega borracho a comprar alcohol, un lujo que muy pocos se pueden dar, llama la atención, es conocido por eso y claro por salir en la televisión en los Juegos como único mentor de los tributos del Distrito.

Haymitch ha esta haciendo un espectáculo grotesco en el escenario, intentando abrazar a la mujer que lleva el pelo de un rosa horrible, Effie Trincket. Ella se libera por fin del borracho cuando es presentada por el Alcalde, la mujer camina en el estrado con un sonrisa bien preparada saludando al publico:
-¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de su lado!
Sigue con unas cuantas palabras, sin perder tiempo de televisión, se acerca a una de las enormes urnas de cristal, con voz entusiasta grita ¡Las  damas primero! Saca un papelito. Pienso en quien será la desafortunada, con tristeza repaso en mi mente la cara de todas las chicas del colegio, hasta que, como siempre me detengo en los brillantes ojos de Katniss, temo por ella. Effie Trincket desdobla el papel, se aclara la garganta y lee con voz fuerte:
-¡Primrose Everdeen!







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