-1-
Cuando miro por la ventana, todo esta oscuro afuera, ni
siquiera se ven las hojas del escuálido manzano que tienen un verde claro con
la luz, el sol no ha salido, debe ser temprano todavía.
Papá acaba de revisar la masa, esta lista para cortar. Hoy
prepararemos bollos de miel, son unos pequeños pancitos que como su nombre lo
indica se endulzan con miel en lugar de azúcar, son esponjosos y tan suaves que
parecen derretirse en cada mordida. Son mas caros que los panes que usualmente
hacemos, pero hoy es día de La Cosecha, supongo que papá quiere subirle el
animo de todos, o solo lo hace por mamá, son sus favoritos. Ella sigue en la
cama, seguramente se ha pasado la noche sin dormir como siempre en esta fecha.
Mis hermanos y yo nos esforzamos por no hacer ruido, sabemos que la pasa
realmente mal.
-Peeta- me llama mi padre – termina los bollos de miel, voy a
preparar el relleno de las tartas de manzana.
-¿Haremos tartas de manzana también?- pregunta mi hermano mayor
mientras los tres observamos atentos a mi padre.
-Si, también- responde mientras saca un tazón de la
estantería.
Me
doy cuenta por su tono de voz que esta preocupado. Mi hermano mayor tiene
veinte años, ya esta fuera de los Juegos del Hambre, pero mi otro hermano,
Ácim, tiene dieciocho, aún entra en La Cosecha y yo este año cumplí dieciséis ,
tengo que esperar por tres ocasiones mas a que la suerte este de mi lado.
Trato
de distraerme en otra cosa antes de que mi mente empiece especular sobre lo que
pasara hoy, así que tomo la masa con mis dedos, es dócil y elástica, comienzo a
amasarla y dividirla en pequeñas bolas que caben en la palma de mi mano,
jugueteo un poco con ella antes de ponerlas en la charola, les doy formas
distintas como hojas o letras, esta es una de las cosas que mas me gustan de
hacer pan, puedes darle la forma que quieras; me recuerda a esos pasteles de
lodo que hacia cuando era pequeño en el patio de atrás en los días de lluvia,
me divierte. Termino de moldear la masa, la tapo con un paño húmedo y la dejo
reposar.
Me acerco a mi padre, que esta acabando de
partir las manzanas, me gusta la manera en que mueve las manos, aunque son
gruesas hacen todo con rapidez y precisión, toma un puño de harina y la
espolvorea entre sus dedos sobre la pasta de tarta, ama su trabajo, quizá por
eso su pan siempre tenga un sabor especial, la gente se lo alaba todo el
tiempo.
Es un hombre noble, que siempre intenta ver el lado positivo
de las cosas, al contrario de mi madre. Pero hoy eso es realmente difícil hasta
para él, con los Juegos del Hambre ensuciando el ambiente del Distrito 12, no
es que este lugar sea una fiesta los demás días, entre tantas carencias no es
fácil estar feliz, pero por lo menos el miedo no es latente.
Sacudo la cabeza despejando mis pensamientos otra vez.
Los
bollos han alcanzado el tamaño suficiente para meterlos al horno, miro el reloj
calculando, aunque no es necesario, lo sabría solo por el delicioso olor que
expiden cuando están listos.
Ayudo a mis hermanos llevando las charolas hacia la panadería
que esta en la parte de enfrente, coloco un mantel a cuadros rojo y blanco en
cada canasta, acomodamos el pan adentro, me dirijo a la puerta de entrada,
volteo el letrero de “ABIERTO”, veo por el cristal que afuera ya esta claro, pero
el sol sigue sin aparecer.
Un
dulce aroma me hace agua la boca, me apresuro hacia el horno, meto la pala para
sacar la charola cuando mi hermano mayor abre la puerta de la cocina y
dice entre dientes –Ardillas- de inmediato se que significa eso, mi corazón
se agita, las manos comienzan a sudarme, la charola caliente se ladea en la
pala que se me ha resbalado por un segundo, en un movimiento rápido la
equilibro colocándola en la mesa y siento el calor quemante en el costado de mi
mano por tocar la orilla del horno, esta muy roja y ha comenzado a arderme, mi
hermano que ha observado todo el malabarismo se ríe con ganas.
-Tranquilo Peeta, ella no viene - me dice entre risas - Solo
su novio.
-Dile al chico que por aquí- dice mi padre abriendo la puerta
posterior de la cocina, me dedica una mirada- ¿Estas bien?- yo asiento con la
cabeza, revisa mi mano y me da un frasco de pomada que tenemos en la estantería
para ocasiones como estas, es viscosa, de color café y huele a madera - Ponte
esto- me indica.
En ese momento llega a la puerta un joven alto, es de la edad
de Ácim, lo se por que van en el mismo curso en la escuela, tiene el cabello
oscuro y los ojos grises, como los de ella, Katniss. La chica del
que he estado enamorado desde que tenia cinco años, la chica que es capaz de
salir del Distrito 12, de meterse en el peligroso bosque para cazar conejos,
pavos y ardillas, es la chica que cuando canta las aves se detienen a escucharla,
la chica que cuida siempre de su hermanita, la chica de hermosos ojos que no
sabe que existo.
Me acerco a la puerta mirando detrás él, mi hermano tenia
razón, ella no esta. Decepcionado regreso a mi mano, coloco la pomada
presionando mas fuerte de lo que debería, se que es tonto, pero tengo celos de
este chico. A diario los veo juntos, por las mañanas o por las tardes,
van por ahí repartiendo sus presas a los compradores, caminando, hablando, a
ella le he visto una pequeña sonrisa solo dos veces y han sido para él. Tengo
la esperanza de que el parecido físico sea lo único que comparten, que sean
parientes y no como mis hermanos piensan, novios. Nunca los he visto darse un
beso, o tomados de la mano, ni siquiera demasiado cerca, pero hay algo en la
manera en que este chico trata Katniss que hace que me duela el estomago.
-¿Que hay muchacho?- pregunta mi padre amablemente
-Solo una ardilla señor- contesta levantando al animal muerto
en su mano.
Mi padre arranca un trozo de papel con el que envolvemos el
pan y toma uno de los bollos de miel que acabo de sacar del horno.
-Toma- le da el pan caliente mientras recibe la ardilla
-¿Este… este pan?- pregunta el chico asombrado, mi padre
asienta, le da una sonrisa sutil y le desea buena suerte. El chico inclina la
cabeza como agradecimiento y se va a grandes zancadas, se ve contento.
Eso es lo que digo de mi padre, sabe el sentir de todos en
este día, quiere ayudar a los demás a subir los ánimos con lo que mejor hace,
pan.
Papá coloca la ardilla sobre el fregadero, se que Katniss no
la cazó por que está tiene un feo agujero a medio cuerpo, los tiros de ella son
limpios, siempre en los diminutos ojos de las ardillas. Papá comienza a
freírla y yo me niego a comerla.
La mañana avanza, el sol esta brillando en lo alto, en la panadería
la gente que ha venido se emociona con las tartas y los bollos, aunque tienen
poco dinero, este día se permiten comprar buen pan, ya sea para la cena
festejando su buena suerte de estar a salvo de los Juegos, o en el desayuno
antes de La Cosecha, por que quizá sea la ultima comida que compartan con sus
hijos. Se me hace un nudo la garganta por que nosotros estamos en esa misma
posición, como todos los chicos del Distrito 12, como todos los chicos de los
distritos de Panem.
Escucho pasos en la casa, mamá se ha levantado, grita mi
nombre y el de mis hermanos, subimos, la estufa de carbón esta prendida, ha
terminado de planchar las camisas que usaremos hoy, apenas y dice nada, nos
señala la mesa donde hay tres humantes tazas de té, una pequeña azucarera esta
en el centro. Casi nunca tomamos azúcar, el costo es elevado y la dejamos para
el pan que vendemos, coloco una cucharada a mi taza quizá endulce también
mis pensamientos, pero lo dudo. Nos sentamos los tres en silencio a beber en
traguitos mientras ella baja a la panadería, me dispongo a sacar de la alacena
el pan duro que sobro de la semana pasada para acompañar con el té, cuando mi
madre regresa con una tarta de manzana, lo coloca en la mesa partiéndola con un
cuchillo; se da la vuelta regresando a la cama sin decir nada.
Cualquier otro día ella seria la primera en despertar,
barriendo y limpiando, gritando a todos que hagamos bien esto o aquello, pero
hoy no. Los recuerdos han podido mas que su carácter.
Cuando ella tenia diez años su hermana de quince fue seleccionada
para ir a los Juegos del Hambre, el primer día en la arena la vio morir a
hachazos en las manos de tributos profesionales. Su hermano de trece era su
único amigo en todo el mundo, entre ellos se alentaban a ser valientes, pues con la perdida
de su hermana mayor la familia había quedado desmoralizada.
Dos años después cuando ella entro a La Cosecha, escucho el
nombre de su hermano ahora de quince ser seleccionado como tributo.
Una arena
desértica era donde él se encontraba peleando con fuertes contrincantes, no se
rendía, sobrevivió a las condiciones del clima, a la falta de alimento, a los
salvajes profesionales que lo acechaban, peleo hasta el final, pero no pudo con
las trampas de los Vigilantes, esos hombres que controlan todo en la arena. Un
manada de serpientes mutos lo atacaron mientras estaba escondido entre las
rocas, no pudo escapar. Mi madre dejo de hablar mas de un año. En cada Cosecha
que se presento, temblaba de pies a cabeza con lagrimas en los ojos, pensando
que podía ser ella la siguiente en morir en los Juegos del Hambre. No fue así,
pero Los Juegos la cambiaron para siempre, su carácter se fue agriando con el
tiempo.
Desde que nació su primer hijo sabia que estaría destinado a
estar en La Cosecha llegando la edad, posiblemente entraría a Los Juegos y lo
vería morir como a sus hermanos. Intento protegerse de aquel sufrimiento
alejándose de su primer hijo, luego del segundo y luego de mi. No puedo
culparla, cuando papá nos contó esto entendí todo sobre ella, se que seria
diferente si Los Juegos no la hubieran marcado de esa manera.
Mi padre trata de compensar lo que mamá no puede darnos, es
amable y cariñoso, nos enseña todo lo que sabe, sobre hacer pan, sobre el
negocio, sobre el Distrito 12, el hambre, el miedo, el amor, y el ayudar a los
demás. Me gustaría mucho ser un padre como él, pero sinceramente la angustia
que acecha a mi madre cada año es la misma que la de cada padre de este país,
eso le quita el brillo a desear tener hijos.
Termino de comer la tarta de manzana chupándome los dedos,
esta exquisita, esta es la manera en la que se que mi madre nos ama.
Miro a mis hermanos ¿podría ser la ultima vez que tengamos un
desayuno juntos? Se que piensan lo mismo por que me observan igual, evadimos el
tema, ya es suficiente con tenerlo en la cabeza todo el tiempo. La tarta alivia
un poco la sensación de incertidumbre, pero nadie hace las bromas que siempre
nos decimos cuando estamos juntos.
Regresamos al trabajo, donde me dejan siempre el glaseado de
los pasteles, es un excelente trabajo por que me abstraigo del mundo creando
flores y colores que veo en mi mente. Han pasado las horas cuando papá nos
recuerda que debemos prepararnos.
Soy el ultimo en tomar un baño, me visto con pantalones grises
y una camisa azul cielo que se refleja en mis ojos. Estamos ya listos los
cinco, cerramos la panadería y le doy una ultima mirada a la vitrina donde
descansan los pasteles que decore esta mañana.
Nos
unimos a la muchedumbre de niños que van a tomar sus puestos para La Cosecha.
Papá me da una palmada en la espalda dándome valor. Después de esperar en una
fila para ser fichado sigo a los chicos de mi edad, que se colocan del lado
izquierdo de la plaza.
Busco a mi hermano entre los mas grandes y veo al
chico cazador, recuerdo que Katniss esta también aquí. Cierro los ojos
y espero con todo mi corazón que la suerte este de nuestro lado.
El alcalde se acerca al micrófono, comienza a leer como
siempre la historia de como Panem se creo de las cenizas de un país destruido
por los hombres, de los Días Oscuros, de los Distritos levantándose en armas
contra el bondadoso Capitolio, dando como resultado la destrucción del Distrito
13 y los exitosos Juegos del Hambre, la mejor forma del Capitolio para
demostrar su poder sobre nosotros y un estupendo entretenimiento para ellos.
Han pasado setenta y cuatro años desde la Rebelión, pero la
muerte y el miedo siguen tan frescos como en aquellos días, ese es el trabajo
del Capitolio para con los Distritos, llevándose las cosas que producimos,
matando de hambre a la población, llenando las calles de agentes de paz, y
quitándonos las esperanzas de un futuro diferente con los Juegos del Hambre
cada año.
En el momento en que el alcalde termina de hablar, Haymitch
Abernathy aparece en la escena, borracho a mas no poder. Algunas veces ha
venido a la panadería, con el dinero que gana como único vencedor del Distrito
12 podría gastar muchas monedas en comprar el pan que desee, pero en realidad
no es de ahí de donde lo recuerdo; cuando voy a recoger los costales de harina
en la estación del tren lo veo saliendo del Quemador, el mercado negro donde
llega borracho a comprar alcohol, un lujo que muy pocos se pueden dar, llama la
atención, es conocido por eso y claro por salir en la televisión en los Juegos
como único mentor de los tributos del Distrito.
Haymitch ha esta haciendo un espectáculo grotesco en el
escenario, intentando abrazar a la mujer que lleva el pelo de un rosa horrible,
Effie Trincket. Ella se libera por fin del borracho cuando es presentada por el
Alcalde, la mujer camina en el estrado con un sonrisa bien preparada saludando
al publico:
-¡Felices
Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de su lado!
Sigue con unas cuantas palabras, sin perder tiempo de
televisión, se acerca a una de las enormes urnas de cristal, con voz entusiasta
grita ¡Las damas primero! Saca un papelito. Pienso en quien será la
desafortunada, con tristeza repaso en mi mente la cara de todas las chicas del
colegio, hasta que, como siempre me detengo en los brillantes ojos de Katniss,
temo por ella. Effie Trincket desdobla el papel, se aclara la garganta y lee
con voz fuerte:
-¡Primrose Everdeen!
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