Presiono la mandíbula con fuerza, se perfecto a quien le pertenece
ese nombre. Conozco su dulce rostro
desde hace varios años, siempre llega a la escuela tomada de la mano de
Katniss, se despiden con un tierno abrazo antes de entrar a su salón y
puntualmente la recoge a la salida. Papá usa en las tartas de manzana un cremoso queso de cabra envuelto en
hojas de albahaca que intercambia por pan con una pequeña niña en el mercado,
Primrose Everdeen, la hermana de Katniss, ella es quien lo prepara, apenas
tendrá los doce años, es tan bajita y delgada que parece ser mas joven, ojala
fuese mas joven, así no tendría que estar en este momento caminando hacia
el escenario como tributo. Katniss debe de estar pasándola fatal, no alcanzo a
verla por ningún lado.
Apenas y paso saliva, debería estar acostumbrado a ver pequeños niños
lanzados a luchar a muerte, pero no es así, es imposible ser indiferente a tal
atrocidad. No soy el único que lo piensa, la gente empieza a murmurar lamentos
al verla, pero no pueden hacer mas que eso.
Miro su cabello dorado moverse entre las demás niñas de La Cosecha,
camina nerviosa conteniendo las lágrimas.
De pronto un grito desesperado corta los murmullos de la gente.
Miro
hacia atrás y veo su rostro pálido corriendo así el escenario, nunca antes
había visto los ojos de Katniss con miedo, viene tras de su hermana, gritando
su nombre, la alcanza tomándola por los brazos, protegiéndola detrás de ella.
Varios chicos con los que comparto clase se voltean a mirarme con
tristeza, saben lo que siento por ella, me han visto contemplarla por años, las
muelas me empiezan a doler de la presión.
Regreso la vista a Katniss que está luchando por dejar el agarre de su
hermana, el chico cazador aparece de la nada sujetando a la pequeña Prim que no
deja de chillar mientras Katniss sube al escenario.
--¡Bueno, bravo! ¡Éste es el espíritu de los Juegos!- dice Effie
Trincket con voz alegre- ¿Cómo te llamas?
--Katniss Everdeen
--Me apuesto los calcetines a que era tu hermana. No querías que te
robara la gloria ¿verdad? ¡Vamos a darle un gran aplauso a nuestro último
tributo!
Sé que
es una chica fuerte, la vida la ha golpeado bastante y ella se las ha
arreglado con la ayuda de casi nadie. Caza fuera del distrito, en el
bosque, buscando la forma de alimentar a su familia, podría haberse quedado
muriendo de hambre como tantos otros, pero decidió luchar, arriesgar su vida
para proteger a los que ama, como justo ahora. Los del Distrito 12 que la
conocen lo saben, pero cualquiera que no sepa quién es admira la valentía de
una chica que se presenta voluntaria para salvar a su hermana de una muerte
segura.
Esa
admiración se la muestran con un gesto de respeto, cada persona en la plaza
besa los tres dedos centrales de su mano izquierda señalando con ellos a la
chica en el escenario. Es un gesto que pocas veces hacemos en el Distrito, es una
muestra agradecimiento y despedida… despedida… llevo los dedos temblorosos a
mis labios y señalo a la chica de la que estoy enamorado, la chica que
posiblemente no vuelva a ver jamás.
--¡Mirenla,
miraenla bien! – grita con voz ronca Haymitch -¡Me gusta!- dice acercándose a
Katniss -Mucho...¡Coraje! – logra articular dos palabras, pero son suficientes
para describir lo que todos pensamos- ¡Más que ustedes! ¡Más que
ustedes!- grita delante de las cámaras para después caerse del escenario en un
sonoro golpe que lo deja tirado.
Observo
a Katniss que tiene la mirada hacia el bosque, tiene los hombros tensos y el
ceño fruncido, respira pausado, si tiene miedo no lo sé, no lo demuestra.
Sacan a
Haymitch inconciente y la mujer de cabello rosa retoma el micrófono.
-¡Qué día tan emocionante!- canturrea Effie, “emocionante” esa sería la última palabra que yo utilizaría para
describir este día, mis ojos siguen en Katniss, esto no podría estar
peor.
-¡Pero todavía queda más emoción! – Effie continua hablando con una
sonrisa- ¡Ha llegado el momento de elegir a nuestro tributo masculino!
Toma
rápidamente una papeleta dentro de la urna de cristal, solo unos segundos
después lee mi nombre. Peeta Mellark.
Claro que las cosas siempre pueden estar peor. En un pestañeo se me ha
ido la sangre del cuerpo, estoy congelado y siento las piernas rígidas, los
chicos a mi alrededor me abren paso, yo camino por inercia hacia el estrado,
con trabajo logro pasar el aire a mis pulmones, intento imitar la lenta
respiración de Katniss, funciona un poco. No puedo creer lo que esta pasando,
la suerte se ríe de mi mientras me escupe la cara.
Me coloco en mi lugar junto a Effie quien pide voluntarios, pero se
nadie se presentara, he hablado con mis hermanos de esto y llegamos a la
conclusión de que nada cambiara las cosas, la muerte de cualquiera de los tres
sería terrible para la familia en cualquier caso. Así que decidimos aceptar la
suerte que nos toque. Buscamos la forma de estar preparados para eso física y
mentalmente, por lo menos eso creía hasta ahora.
En el
Distrito 12 no hay forma de entrenarse para los Juegos, como en otros distritos
más ricos como el Distrito 1 o el 2 donde los chicos aprenden a defenderse con
lanzas, punzones, espadas y demás armas mortíferas, ellos se entrenan por años
hasta hacerse asesinos profesionales, sumado a una buena alimentación tienen
como resultado un buen número de vencedores. En nuestro distrito la escuela
enseña básicamente sobre el carbón y como obtenerlo que es lo que necesitamos
viviendo en el 12, pero anualmente en el colegio tenemos competencias
deportivas, entre ellas lucha libre, hay un grupo donde podemos entrenar, papá
nos ha alentado a mis hermanos y a mí a entrar, supongo que piensa que eso
puede servir en los Juegos del Hambre si resultamos elegidos tributos. Algunas
noches practicamos entre nosotros en casa, y mi hermano mayor se ha esforzado
en enseñarnos a utilizar un arma, en realidad un cuchillo que es a lo que
podemos tener acceso sin correr riesgo de que parezca que incitamos a una
rebelión, no sabemos la técnica correcta, pero él se las ingenia para copiar
algunos trucos que les ha visto hacer a los agentes de paz.
Pienso por un momento que quizá si puede ser una ventaja en la
arena, la visión de Katniss me invade de nuevo, jamás podría dañarla de
ninguna manera, jamás.
El alcalde interrumpe mis pensamientos cuando termina de leer el Tratado
de la Traición y se dirige hacia nosotros pidiendo a los Tributos que nos demos
la mano. Me giro hacia Katniss, la miro a los ojos y ella me está mirando
también, sin evitarnos por primera vez, extendemos las manos, sus dedos
presionan la quemadura que me hice esta mañana con el horno, siento el fuerte
ardor recorrer en mi piel, entonces entiendo que esto es solo el principio de
lo que nos espera.
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