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En cuanto acaba la ceremonia, nos llevan dentro del Edificio de
Justicia, los agentes de la paz me conducen hasta una pequeña sala. Antes de ir al tren que los llevara al Capitolio
a los tributos se les concede un momento privado con familiares y amigos para
despedirse, supongo que este será el lugar para decir adiós a todos.
Voy hacia la ventana, ojala estuviera abierta por que siento que aun me
falta el aire, me prometo guardar la calma para cuando entre mamá, no se como
pueda reaccionar. Pasan los minutos y empiezo a dudar que alguien venga, tal
vez mi madre se niega a despedirse de mi, no me sorprendería que no viniera.
Con los dedos arranco pedacitos de pintura del alfil de la ventana pensando en
que decirle a papá, a mis hermanos, a mis amigos, si es que aparecen en algún
momento. Desprendo un pedazo de madera de la ventana cuando se abre la
puerta, veo a mi padre entrar
buscándome con los ojos, traga saliva y me abraza fuertemente, no necesitamos
decir nada hasta la voz de mi madre interrumpe nuestro abrazo –Por fin el
Distrito 12 tendrá un ganador- me sorprenden sus palabras y estoy apunto de
agradecerle cuando termina la frase –esa chica es una superviviente-.